Casa de Formación: Noviciado - San Genaro

 

 

Introducción:

¿Qué es el Noviciado?

El Noviciado es la etapa en la que la novicia procura interiorizar el carisma y la espiritualidad de la Sociedad del Sagrado Corazón integrando su conocimiento y crecimiento personal, para responder con sus dones y limitaciones a la llamada común desde la vida fraterna en comunidad. (Const. Nº 81) Por ello, esta etapa, tiene como objetivo: “Aprender a vivir en unión y conformidad con el Corazón de Jesús, interiorizando en la fe, la llamada recibida y preparándose para el compromiso religioso" (Const. 81)

El Noviciado tiene una duración de 2 años y en algunos casos, la Provincial, con el consentimiento del Consejo, podrá prolongarlo por 6 meses como máximo (Const. 91).

Comprende 2 grandes etapas: El primer año canónico y el segundo año enfatiza el trabajo apostólico. Durante este proceso progresivo e integral se fortalece la vida interior y se trabaja la dimensión personal, espiritual, comunitaria y apostólica - eclesial.

¿Dónde vivimos y quiénes conformamos la comunidad?

En el Perú, la casa del noviciado está ubicada en Lima, en el AA.HH. San Genaro, en Chorrillos.

Actualmente, conformamos la comunidad 3 novicias: Lelia Montes, Milagritos Campos y Judith Vento y 4 hermanas que conforman la comunidad formadora. ellas son: La Maestra de Novicias: Elisa Castillo; y las hermanas: Silvia Alfaro, Rosalía Purihuamán y Nelly Núñez.

Cada una de nosotras aporta a la comunidad lo que es y la fuente familiar y cultural de la que ha bebido. De modo que conjugamos nuestra diversidad y se convierte en una gran riqueza.

De las 7 que integramos la comunidad, 3 son de Cajamarca: Elisa, Nelly y Milagritos, Silvia es de Trujillo, Lelia de Cajatambo, Rosalia de Huancavelica y Judith de Tarma.

Experiencia de vida 2006

Nosotras, novicias de segundo año: Lelia, Milagritos y Judith queremos compartir lo vivido durante nuestro primer año de noviciado (2006). lo que ha significado y va significando aquello que dice nuestro plan de formación y que durante este año se va constituyendo en experiencia de vida real:
El Noviciado es una etapa de profundización e interiorización del carisma y la espiritualidad de la Sociedad integrado a nuestro conocimiento y crecimiento personal para responder con nuestros dones y limitaciones a la llamada común desde la vida fraterna en comunidad”.

Iniciamos nuestra experiencia comunitaria con una convivencia de 3 días que marcaron las pautas con las que queríamos abrir el año y esta etapa de nuestras vidas

A partir de lo vivido en esta convivencia iniciamos la elaboración y el compartir de nuestro proyecto personal y elaboramos juntas nuestro proyecto comunitario. Fuimos aprendiendo a vivir y a relacionarnos de modo sencillo, cordial, a armonizar oración, reflexión, trabajo, descanso y tiempo libre.

En comunidad propiciamos espacios de compartir nuestras vidas en confianza, alegría y libertad, aceptando mutuamente el apoyo y la interpelación. Aprendiendo en la convivencia diaria a perdonar y a ser perdonadas



En cuanto a nuestra formación, la iniciamos con una jornada de integración en la CONFER (Conferencia de Religiosos) donde estudiamos 3 veces a la semana y luego del ejercicio de profundización “Noviciado ¿Roca o Arena? Asumimos el reto de vivir nuestro noviciado no como un lugar de paso, sino como un lugar donde se realiza un “paso” una “conversión”.

Frente a este reto hemos afirmado que: “queremos que la razón de ser de nuestro noviciado sea aprender a vivir desde las raíces” y esto nos ha motivado, pero también ha despertado temores y miedos, que nos han acompañado este año moviéndonos a confiar y a saber que esto no depende sólo de nuestro esfuerzo sino y sobre todo de la Gracia de Dios.

Y relacionando esfuerzo y gracia podemos decir que nuestro primer año de noviciado han significado tiempos de búsqueda constante, tiempos de aprender a vivir unidas al Corazón de Jesús en la Oración y en todos nuestras acciones. Ha supuesto el reto de comprender que no podemos afirmar que nuestra relación con Dios esté bien cuando con nuestras hermanas en comunidad las cosas no marchan bien, de modo que nuestra vivencia en casa, nuestras actitudes fraternas o no fraternas se han tornado en el termómetro que nos hace volver al Corazón de Jesús y preguntarle ¿Realmente estoy uniéndome y conformándome con tu Corazón? ¿Voy haciendo mías tus preferencias, sentimientos y disposiciones?.

Y nos damos cuenta de que esto es sencillo cuando no encontramos problemas, pero cuando discrepamos, nos enojamos por actitudes, palabras o gestos; es difícil, y durante este tiempo hemos tenido que aprender a apreciar estos momentos de dificultad pues nos llevan a mirar y releer nuestra vida, nuestra historia personal y encontrar en ella, en nosotras, aquello que motiva esa dificultad.

Este año nos ha permitido profundizar la experiencia iniciada en el postulantado alrededor de nuestra historia y no saben lo difícil que es y a la vez la riqueza que tiene, pues nos va cambiando la mirada y vamos aprendiendo a mirarla desde SU mirada, sintiéndonos que nos ama y acepta tal y como somos, que nos invita a amarnos y aceptarnos de la misma manera y nos vamos dando cuenta de que aquello que vamos asumiendo y aceptando en nosotras va moviéndonos a la reconciliación, va enseñándonos a escuchar y a expresarnos con libertad invitándonos a dejar nuestros fastidios, nuestros silencios.

Por esto que vivimos durante todo nuestro primer año es que comprendemos lo que significa que “el noviciado sea una experiencia para centrarse, para poner en orden el caos interior, para sanar las propias heridas, para entrar en lo más profundo del yo y con todo esto responder a una llamada, a una vocación apasionante.

Esto ha significado profundizar en el aprendizaje de nuevas relaciones con nuestra familia y amistades iniciada desde el postulantado, reconocemos que el teléfono o el internet pueden convertirse (y muchas veces lo han sido) en binóculos para acercar aquello que esta físicamente lejos y el vivirlo así ha posibilitado que nos preguntemos ¿Qué estamos buscando? ¿Qué queremos prolongar todavía? Nos ha servido también para preguntarnos ¿Cómo estamos usando los medios? o ¿Cómo estamos viviendo nuestra libertad?. Estamos aprendiendo a vivir en una comunidad de bienes y a solidarizarnos con los más pobres para entrar en el espíritu de pobreza.

Durante el año 2006, realizamos nuestro trabajo pastoral en las capillas que pertenecen a la parroquia “Cristo Misionero del Padre” a cargo de los Misioneros Combonianos del Sagrado Corazón”. Milagritos apoyo en la pastoral de Sacramentos (Primera Comunión) en la Capilla Daniel Comboni, Lelia en las pequeñas comunidades de reflexión bíblica en la Capilla Dios te ama, en esta misma Capilla nuestra hermana Nelly y Elisa apoyan en la pastoral de Salud. Judith apoyó la Pastoral de sacramentos (Primera Comunión) en la Capilla “Virgen del Camino”. A fines de Noviembre realizamos durante un mes la experiencia en los Hermanos de la Caridad, experiencia que marco mucho nuestra vida pues nos permitió sentir la fragilidad del ser humano y la necesidad profunda que tiene de amar y ser amado. Desde estos lugares de misión aprendimos a sentir a nuestro Dios encarnado en nuestro pueblo amándolos y llamándonos a descubrir y manifestar su amor allí.

Es desde este encuentro con los preferidos de Jesús que sentimos que va cambiando nuestra vida, vamos sintiendo más necesidad de ser fieles a la oración, a apreciar la soledad y la vida interior.

Esta etapa de “Noviciado”, va siendo un tiempo para interiorizar la palabra de Jesús y profundizar la llamada e invitación a construir el Reino de Dios. Tiempo para interiorizar nuestro sentido de pertenencia a la Sociedad, tiempo no sólo para estudiar sino, sobre todo para interiorizar nuestras Constituciones que nos hacen sentir parte de la Sociedad y responsables de su presente y futuro. Confesamos que estamos amando cada día más a la Sociedad pues la vamos conociendo a través del estudio de su historia, de la vida de Magdalena Sofía, de nuestras Madres Generales, de las Congregaciones y capítulos.

Se van abriendo para nosotras nuevos horizontes alrededor del sentido educador de la congregación y las orientaciones actuales de la sociedad en los diversos compromisos apostólicos en todo el mundo, y estos horizontes se abren gracias al intercambio con nuestras hermanas de las diferentes comunidades, y con la visita de nuestras hermanas de otras provincias que con sus vidas y experiencias nos permiten ir comprendiendo lo que significa la “internacionalidad”
Reafirmamos también nuestro sentido Eclesial pues no solo reflexionamos en casa y en la CONFER sobre la situación de nuestra iglesia hoy y nuestro compromiso con ella, sino que vamos osando decir lo que sentimos y pensamos a través del I Congreso de Novicios, la participación en la Semana Teológica etc.
Participamos durante el año, en distintos eventos relacionados a la CVR, al ojo que llora, jornadas de oración, etc

Iniciamos ahora nuestro segundo año de noviciado, motivadas por el SI de nuestras hermanas Regina Arteaga y Rita Castillo que el 10 de Febrero de este año dejaron la casa del Noviciado para realizar sus primeros Votos, el compartir con ellas la preparación para esta entrega ha abierto en nuestras vidas la ilusión y el deseo de unirnos más al Corazón de Jesús y vivir con generosidad este segundo año que empezamos que tendrá para nosotras el sabor de misión pues partimos para la experiencia en las comunidades de Tinta (Lelia), Layo ( Milagritos) y Bambamarca (Judith) el día 13 de Marzo.

Agradecemos a todas Uds. a la Sociedad, a “nuestra” Sociedad por posibilitarnos experimentar la alegría de reconocer que tenemos en nuestras venas la misma sangre y el mismo espíritu de Magdalena Sofía. Por ayudarnos a ahondar en nuestra riqueza carismática y descubrir que el carisma no es un añadido a nuestra vida sino un Don que “el Dios que nos ha llamado desde el vientre de nuestra madre” nos ha concedido como algo muy suyo para nuestra realización propia y el servicio de su Pueblo.
Nos sabemos y sentimos continuadoras de la memoria histórica de Magdalena Sofía y sabemos que lo que vivimos no es una mera repetición o un calco de lo que ella fue o hizo, sino que fieles a ella asumimos la llamada que resuena en nosotras sin cesar para seguir y configurarnos con Jesús en los retos y desafíos de hoy: los “tiempos cambian y hay que cambian con ellos” siendo fieles al Espíritu.